En esta época de pandemia, diversos mitos se encuentran en las redes y en las declaraciones de diversas personas sobre como prevenir la enfermedad o “matar” el virus de la COVID- 19.

En esta nota revisaremos los Mitos más comunes que relacionan el consumo de alcohol y la Covid -19, desarrollados en un documento informativo de la OPS – OMS.


Mito: “El consumo de bebidas alcohólicas destruye el virus que causa la COVID-19.”

Esto es falso, el consumo de bebidas alcohólicas no solo no destruye el virus que causa la COVID-19, sino que probablemente aumenta los riesgos para la salud si la persona contrae el virus. El alcohol (en una concentración de al menos 60% en volumen) actúa como desinfectante en la piel, pero carece de tal efecto dentro del organismo una vez ingerido.

Mito: “Si se consumen bebidas alcohólicas de alta graduación es posible matar al virus en el aire inhalado.”

Falso, el consumo de bebidas alcohólicas no matará el virus en el aire inhalado; no se desinfectará la boca ni la garganta; ni se obtendrá tampoco protección alguna contra la COVID-19.

Mito: “Las bebidas alcohólicas (cerveza, vino, licores de hierbas y otros licores) estimulan la inmunidad y la resistencia frente al virus.”

Falso, las bebidas alcohólicas son nocivas para el sistema inmunitario y no estimulan la inmunidad ni la resistencia frente al virus.

Ten presente estows datos datos generales sobre el consumo de bebidas alcohólicas y la salud:

El alcohol tiene efectos, tanto a corto como a largo plazo, en prácticamente todos los órganos del cuerpo. En términos generales, la evidencia indica que no existe
ningún “límite seguro”; de hecho, el riesgo de daño para la salud aumenta con cada vaso de alcohol consumido.

El consumo de bebidas alcohólicas, sobre todo si es excesivo, debilita el sistema inmunitario y, por consiguiente, reduce la capacidad para hacer frente a las enfermedades infecciosas.

Se sabe que el alcohol, incluso en cantidades muy pequeñas, causa ciertos tipos de cáncer.

El alcohol, incluso en cantidades pequeñas, supone en cualquier momento del embarazo un riesgo para el bebé que todavía no ha nacido.

El alcohol aumenta el riesgo, la frecuencia y la gravedad de la victimización y todo tipo de actos de violencia interpersonal, como la violencia de pareja, la violencia sexual, la violencia juvenil, el maltrato a las personas mayores y la violencia contra los niños y las niñas.

El alcohol aumenta el riesgo de muerte y traumatismos causados por el tránsito, así como por ahogamiento y caídas.

El consumo excesivo de alcohol aumenta el riesgo de síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA), una de las complicaciones más graves de la COVID-19.

El consumo de alcohol puede ser la puerta de ingreso para el consumo de otras drogas psicoactivas.

Los trastornos por consumo de alcohol y la COVID-19
“Los trastornos por consumo de alcohol se caracterizan por un consumo excesivo de bebidas alcohólicas y la pérdida de control de la bebida. Aunque se encuentran entre los trastornos mentales más frecuentes a nivel mundial, son también algunos de los más estigmatizados. Las personas con algún trastorno por consumo de alcohol tienen mayor riesgo de contraer la COVID-19 no solo por la repercusión del alcohol en su salud, sino también porque tienen más probabilidades de caer en la indigencia o ser encarceladas que el resto de la población. En la situación actual, por consiguiente, es esencial que quienes necesiten ayuda en relación con el consumo de bebidas alcohólicas obtengan todo el apoyo que precisan.”

Fuente: Documento técnico informativo “El alcohol y la COVID-19: lo que debe saber”.
World Health Organization 2020.
https://www.paho.org/en

Sobre el documento: “Este documento ha sido coordinado por Carina Ferreira-Borges, directora del Programa de Alcohol, Drogas Ilícitas y Salud Penitenciaria, bajo la dirección del doctor João Breda, jefe de la Oficina Europea de la OMS para la Prevención y el Control de las Enfermedades No Transmisibles, y en consulta con el Equipo de Gestión de Incidentes del Programa de Emergencias Sanitarias de la OMS, la Oficina Regional de la OMS para Europa y la sede de la OMS en Ginebra (Suiza). El documento fue redactado en inglés por Maria Neufeld, consultora de la Oficina Europea de la OMS para la Prevención y el Control de las Enfermedades No Transmisibles, y fue revisado por Carina Ferreira-Borges, directora del Programa de Alcohol, Drogas Ilícitas y Salud Penitenciaria, y Maristela Monteiro, asesora principal sobre alcohol de la Organización Panamericana de la Salud.”

 

Revista Naturaleza Interior
“Cuidando nuestro medio ambiente y la vida”

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